Luchar para hacer un mundo mejor, más amable, más justo, más humano; luchar contra el mal que hay en cada uno de nosotros.

Luchar por la verdad, que en principio puede doler, pero a la larga ayuda al otro y a mí mismo, no luchar contra las personas, sino contra el mal, para conseguir un mundo, donde el amor y la fraternidad estén por encima del poder, personal y egoista.
Es la propia filosofía, la escala de valores personales, tanto explícitos como intuitivos, en los que se basan, la actuación, la conducta de cada cual.
El criterio cambia con el aprendizaje, ante la propia historia y las posibles interpretaciones de esta, en una dinámica cibernética de recogida de datos continua para integrar y formar dicho criterio, para dar una respuesta más o menos analizada, donde entra en juego el instinto, la intuición, el pensamiento científico, filosófico, religioso…etc.
Hay dos polos en el propio criterio, que son la razon y la fe, en la base del criterio, pasando de una a otra, cuando la angustia y la obsesión se acumulan en el perfeccionismo de la razón, para pasar a la confiaza ente temas más vitales, que se escapan del espacio reducido que dejan, para la mente matemática y material.
Vivir, disfrutar de la vida, de este regalo, tan impresionante, tan inmenso, de forma tan inconsciente en principio, cuando comenzamos a tomar conciencia de lo que somos, de lo que tenemos alrededor, de la “infinitud” que nos rodea, de lo más lejano, a lo más íntimo, y todo tan normal, incluso , tan aburrido. Pero con una pasión de felicidad, de plenitud, de placer, poder y amor, que nos mantiene en expectación y en búsqueda continua.
Estar ante lo que me rodea, ante la naturaleza, ante e universo, y especialmente ante el otro.
El otro me hace reconocerme a mí mismo, el otro al comienzo de la vida, es la madre, posteriormente el padre, el hermano,el amigo, el maestro, y al final el Otro , y el compendio de los otros, es Dios.
Saber estar, ante una realidad perfecta, muestra del amor de Dios, una realidad con la que tenemos que colaborar para que mejore, para que llegue a ser perfecta , aunque ahora es la justa y necesaria para llegar posteriormente a esa realidad perfecta y completa.
Ser, existir, tener una entidad suficiente para difereniarse de los otros seres.

El ser humano es consciente que “es” y se plantea su precariedad, su ignorancia, su indigencia ante el “no-ser”, y busca un ser absoluto y poderoso, como base del ser precario y contingente, un ser necesario que sostiene y recrea todo lo que existe.
Un ser que realmente “sea” como, yo soy el que soy “Yo soy” el ser necesario y creador de todo lo que existe “Yaveh”
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La Fiesta donde se manifiesta la alegría común con los que festejan, en compañía, en comunión.
La celebración es el objetivo, el placer, el bienestar, físico, y llegar al bienestar psíquico y social, como nos propone la OMS.
Psicológicamente, pretendemos el placer físico, pero aspiramos a más, al poder y al amor, y en la fiesta llegamos a esa síntesis entre el placer, el poder y el amor.
Saber vivir el festejo continuo, donde todo está perfecto, a pesar del sufrimiento, porque aprendemos a obtener el placer, del poder del amor.
Poniendo el amor por encima del poder, se consigue un placer completo.
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Dios es el Ser necesario que crea y recrea todos los demás seres.
El Ser supremo es la luz de la vida, de energía; es como el crepúsculo de la mañana, como el alba, como el “Día” que comienza y se renueva después de la noche, símbolo de la muerte.
La Divinidad crea el universo, inmenso, impresionante; crea la naturaleza, maravillosa,magnífica; crea al ser humano, con libertad, con capacidad de ser consciente de su propia vida, de querer racionalizar lo que observa, incluso de enfrentarse a su creador.
Todas estas realidades nos asombran y nos pueden hacer conocer a Dios.
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El ser humano es una pasión hacia algo o alguien , no sólo satisfacer necesidades fisiológicas, sino un deseo de felicidad completa, de paz continua, de cielo, de vida eterna plena, deseo de Dios, de ser Dios o como Dios o “uno” con Dios.
Retornar a un paraiso perdido, de amor y unidad, quizás el recuerdo inconsciente del seno materno, o el banquete familiar, o el día festivo… fiesta, símbolo del cielo, o de utopía que la representa.
Vivir esta vida, como una fiesta, en exultación, por ver el amor de Dios en todo, incluso en el sufrimiento y la muerte.
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