Sociedad actual y antropología

Hemos perdido la religiosidad natural que nos hacía pensar en un Dios creador que estaba encima de nosotros, del que dependíamos, y hemos pasado a creer en la ciencia y en la técnica, por una parte y en la justicia y la igualdad por otra, en definitiva en la razón que nos lleva al legalismo que se enfrenta con el deseo y defensa de la libertad. El enfrentamiento está servido, vuelven los mismos perros, con distintas correas.

El ateísmo, nos lleva a la razón y nos quedamos sin la fe, sin poder descansar en un Dios Padre que nos ama como hijos queridos y nos ha preparado una mansión en el cielo.

La razón a la ley, todos tenemos nuestra propia ley, sinceridad, fidelidad, no robar… y esta ley nos sirve para vivir en común, y de referencia para reconocer lo bueno, pero tiene el peligro de la angustia y obsesión, síntomas relacionados a no cumplir esta ley y sentirnos culpables , así hay sociedades que tienden a ese “moralismo”, con un super yo excesivo, como por ejemplo, Alemania, Japón.

La ley cumple su misión de ayudar a la comunidad a evitar desorden y sufrimiento, pero no es la panacea, lo importante es la educación, y vivir la virtud, sin esfuerzo; decía S. Agustín, “Ama y haz lo que quieras”.

De la razón a la ley, y de la fe al amor, hay que tener una armonía entre la fe y la razón, pero el objetivo final, la fe y el amor.

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